1991
Todo comienza con Jesús y Vely, una pareja humilde, trabajadora y con la ilusión de salir adelante y construir un futuro para su familia; sin grandes recursos y sin saber hasta dónde les llevaría aquel camino, comenzaron a recorrer las calles cargando productos de estética y cosmetología que ofrecían de puerta a puerta. Como todo lo que se construye desde cero, el camino no fue sencillo, estuvo marcado por etapas de crecimiento y otras de incertidumbre, sin embargo, había algo que nunca les faltó la convicción de que todo esfuerzo acabaría dando sus frutos, y, sobre todo, que en casa les esperaban sus hijas, Mónica y Sandra, quienes eran y siguen siendo, el verdadero motor de esta historia.
El negocio no nació pensando únicamente en crecer, se construyó pensando en ofrecer a los tuyos un futuro mejor. Es esa forma cercana y honesta de trabajar que llamó la atención de una gran firma como Indola, que confió en ellos y les ofreció convertirse en distribuidores oficiales, un gesto que no solo validó todo el sacrificio sino que les dio el impulso para que dieran apertura a su primera tienda en la antigua Travesía del Cubo, dando origen a lo que hoy conocemos como Jevemosa.
1993
Un nombre peculiar que no fue elegido al azar, fue la unión de las personas que hicieron posible este sueño Je, de Jesús, Ve, de Vely, Mo, de Mónica y Sa, de Sandra. Al poco tiempo fue Mónica, la hija mayor, quien comenzó a formar parte del negocio siendo apenas una adolescente de 16 años, inicialmente con la intención de ayudar y aportar donde hiciera falta, sin imaginar que aquella decisión acabaría marcando el rumbo de toda su vida, lo que empezó como una responsabilidad familiar terminó convirtiéndose en una vocación, se formó, trabajó y fue adquiriendo con los años un conocimiento profundo del sector. Más de cuatro años después, Sandra se incorporaría también al proyecto familiar tras finalizar sus estudios en Administración de Empresas, decidiendo colocar todo lo aprendido a aquello que sus padres habían levantado con tanto esfuerzo.
Y aunque hoy en día no están todas las manos que la levantaron, la esencia sigue intacta en cada rincón de Jevemosa, en la forma de atender, en la forma de tratar y en la forma de trabajar, continuando gracias a Mónica y Sandra, quienes decidieron con mucha ilusión seguir escribiendo su historia con una mirada puesta en lo que todavía está por llegar.
